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  LOS BOLEROS  

La voz "bolero" deriva de "bola" (DRAE, 2001), porque, al parecer, los maestros de baile del siglo XVIII tenían la costumbre, según el gusto de la época, de adornar sus vestimentas con bolas de colores o madroños.

Ahora bien, la historia del baile popular, desde por lo menos la segunda mitad del siglo XVIII hasta los comienzos del siglo XX, no se puede estudiar sin atender a la existencia de los bailes boleros y de aquellos que los enseñaban, los conocidos como maestros de danza o maestros boleros. La literatura que trata de temas populares o "castizos" de esos siglos está llena de referencias a los bailes boleros como uno de los elementos esenciales de diversión y de lucimiento personal de todas las clases sociales. Tal fue la afición por este tipo de baile, que los autores literarios de la época lo mismo lo alabaron por su espectacularidad, que lo criticaron (o cuanto menos ironizaron sobre él) por la desmesura de su práctica y su afectación.

Estos bailes son una recreación de los bailes propiamente populares hecha por maestros de danza, seguramente en el siglo XVIII, que crearon, sobre temas de música tradicional, una serie de pasos complejos para cuyas evoluciones y desarrollos había que tener una especial capacidad artística y agilidad, por lo que, con frecuencia, eran interpretados no sólo en romerías y festejos, sino también como un espectáculo en teatros y escenarios.

La dificultad de su ejecución era la que creaba la necesidad de aprender de un maestro. A diferencia de los bailes sueltos tradicionales, que son de pasos sencillos y que se pueden aprender desde pequeños observando cómo bailan otras personas y practicando un poco, el baile bolero entraña mucha complejidad, por lo que se hace imprescindible la colaboración del maestro especialista en estos bailes. La demanda creada en siglos pasados por el éxito de los bailes boleros, proporcionó trabajo a multitud de maestros de danza que proliferaron por toda España. El prestigio social que se atribuyó a aquellos maestros boleros (o simplemente "boleros") era notorio, por lo que no es de extrañar que alcanzaran una gran popularidad en todos los ámbitos, desde los particulares a los académicos; desde los lugares del pueblo llano hasta los salones de la nobleza.

Sin embargo, con los cambios de las costumbres, sobre todo por la importación de nuevas modas, el baile bolero fue cayendo en desuso, y posiblemente ya en la segunda mitad del siglo XIX se encontraba refugiado entre determinadas minorías (las clases más pudientes de zonas rurales, pero también de las urbanas, que podían costearse las enseñanzas), que asimismo fueron perdiendo el gusto por esta clase de bailes. Si durante el primer tercio del siglo XX se encontraba ya en franca decadencia el oficio de maestro bolero, la Guerra Civil española y la profunda crisis económica y social que conllevó, vino, como en tantas otras cuestiones relacionadas con las tradiciones, a suponer un duro golpe para su continuidad.

En Murcia, los maestros boleros locales pudieron quedar muy menguados, o incluso desaparecer, entre los siglos XIX y XX, ya que los testimonios verbales que tenemos coinciden en indicar que los boleros que enseñaban a comienzos del siglo XX en las zonas de Caravaca, el Guadalentín y de la Costa (Águilas y Mazarrón), provenían de Granada y, en general, de Andalucía, y no de la propia región.

Los boleros en Fuente-Álamo de Murcia.

Durante varias generaciones, los varones de la familia Leandro han ejercido el oficio de maestro bolero en el Campo de Cartagena y otras zonas de la región. Se tienen noticias de que el abuelo de Pedro Leandro, el primer maestro bolero de la saga que se conoce, pudo venir desde Andalucía a establecerse en la zona de Cartagena y La Unión a principios del siglo XX, seguramente buscando el auge económico de la minería en esa comarca, aunque también se le encuentra durante una temporada en Alhama de Murcia, mientras que los hijos a los que enseñó se afincaron definitivamente en Fuente-Álamo.

El oficio de maestro bolero, que por necesidad era ambulante, obligaba a continuos y largos desplazamientos por distintas localidades y caseríos en búsqueda de alumnos a los que enseñar. Sin embargo, lo normal era que mediante esta profesión se complementaran ingresos que procedían de otras fuentes, por lo que los viajes se solían hacer por temporadas. Por el pago a sus servicios, los boleros percibían tanto dinero en metálico como obsequios en especie: animales, alimentos, etc. En su repertorio de bailes se incluían, prácticamente como hoy en día, los siguientes: la malagueña primera, las sevillanas, la malagueña de tres, la jota, la malagueña doble y, para finalizar, el bolero (que eran enseñados por ese orden atendiendo a su dificultad creciente). También podían enseñar la malagueña cartagenera y un baile corto, al parecer diseñado para niños y que actualmente está casi perdido, que se conocía como las toreras.

Para la instrucción, los boleros seguían (y siguen) un método didáctico aprendido de sus progenitores y maestros, que era complementado con la experiencia de cada cual. Por lo común, se empezaba por los pasos más sencillos (los pertenecientes a los bailes ya citados y con igual orden), y sin música, únicamente con el tarareo del maestro. Cada día, el alumno era aleccionado para repasar la lección aprendida en esa jornada y en las anteriores; poco a poco se iba aumentando la dificultad y el número de pasos mostrados, soliendo enseñarse éstos con la misma ordenación para que fueran más fáciles de recordar, e introduciendo también el toque de las postizas para marcar el ritmo. Por fin, cuando el maestro lo juzgaba conveniente, se llegaban a incluir en la enseñanza los sones de la guitarra del propio maestro o de su hijo, con la finalidad de acostumbrar a los aprendices a las situaciones reales de baile.

Es de hacer notar que, desde el comienzo de las clases, se hacía mucho hincapié en las figuras o posturas a adoptar durante la ejecución de los bailes. Las posiciones de inicio y final eran muy importantes (las posturas de "parado"), y la limpieza y precisión de los movimientos eran recalcadas con insistencia, ya que forman parte de la esencia del estilo bolero. En cuanto a las postizas, su ejecución se enseñaba aparte, para no complicar el aprendizaje de los pasos, aunque también se insistía mucho en su importancia, porque su ritmo acompaña y facilita los marcados compases del baile bolero. Al respecto, debemos indicar que la especial habilidad en el toque de las postizas es otro de los atributos que han distinguido siempre a los boleros.

Como culminación de la enseñanza, el maestro bolero organizaba un baile de demostración, para el cual solía llamar a algunos músicos, y en el que los alumnos podían hacer gala de lo aprendido delante de sus familiares y vecinos, bien bailando entre ellos, o, si eran chicas, con el hijo del maestro; o incluso, si habían aprendido lo suficiente, con el mismo maestro bolero, que aprovechaba la ocasión para lucir sus habilidades como bailaor y como maestro. Estas demostraciones se convertían en toda una fiesta, y eran una oportunidad para mostrar el gran prestigio social que tenía la labor de los maestros boleros, ya que saber bailar baile bolero estaba muy reconocido socialmente en algunos ambientes. Además, debemos de tener en cuenta que, de acuerdo con las costumbres de la época, estaba bien visto, por los padres más pudientes, que sus hijas casaderas aprendieran estos difíciles bailes, como un aspecto cualificado de su educación que se podía mostrar en público, y del cual podían sentirse orgullosos. Con estas demostraciones, los padres quedaban contentos del esfuerzo realizado al pagarles a sus hijos las clases de baile, y el maestro podía conseguir más alumnos una vez vistos públicamente los resultados.

Como ya hemos reseñado, las enseñanzas de los bailes boleros se transmitían de padres a hijos, acompañando éstos a aquéllos en sus recorridos y auxiliándoles con la música y los alumnos cuando se les requería. Apenas adolescentes, los jóvenes boleros, ya efectuaban enseñanzas en solitario, bien buscándose sus propios alumnos o bien conseguidos éstos por el padre.

Durante la posguerra española, los miembros de la familia Leandro continuaron su labor ambulante por buena parte de la región, de lo cual se tiene constancia directa por la multitud de alumnos que aprendieron sus bailes y de los que tenemos noticias en las zonas del Campo de Cartagena, pedanías altas de Lorca, y las zonas de Mula y Caravaca. Incluso crearon en Fuente-Álamo, en los primeros años de la década de 1940, un Grupo de Coros y Danzas compuesto sólo por mujeres (como era preceptivo en aquellos años de posguerra), y también sabemos que llegaron a enseñar para los Coros y Danzas de la Sección Femenina en Murcia capital.

Sin embargo, la práctica empezó a decaer en los años 50 del siglo XX y estuvo casi perdida hasta la recuperación emprendida por Pedro Leandro a fines de los años 70 de ese siglo, a su regreso de la emigración y con motivo de la reactivación de las cuadrillas y de la música y el baile tradicional en general. Actualmente vuelven a ser varios componentes de la familia Leandro los que se dedican a la enseñanza de los bailes boleros. Algunas personas que han aprendido estos bailes con los boleros están integradas en la Cuadrilla como músicos; personas que, como otras que suelen acompañar habitualmente al grupo, bailan cuando hay oportunidad para ello. Además, también existen otras muchas gentes, en diversas localidades de la región de Murcia y comarcas adyacentes, que han aprendido los bailes boleros de la familia Leandro, y que aprovechan cualquier ocasión festiva para hacer demostración de los conocimientos adquiridos.

Los componentes de la familia Leandro siempre se ha distinguido por su colaboración con la cuadrilla local en los rituales propios de la agrupación. Sus cualidades, no ya sólo como bailaores boleros, sino como buenos cantaores, músicos tañedores de guitarra y, sobre todo, de postizas, han sido muy apreciadas por donde quiera que han ido.

Por otra parte, un oficio tan característico como el de maestro bolero no podía quedar al margen de la costumbre de imponer a las personas un nombre comunitario o "apodo" que complementa el nombre particular "oficial" de cada uno. Como es corriente que los apodos impuestos por la colectividad señalen alguna de las características principales (entre ellas el oficio) de aquél que lo lleva, es normal que el mote o apodo "Bolero" marque a los miembros de la familia Leandro, y no sólo a los que han ejercido de maestros boleros, sino también a sus descendientes y cónyuges. Así, Guerrero Fuster (1993) recoge la existencia de este apodo en Fuente-Álamo, aunque no cita a qué es debido.

El Bolero.

Un baile y una música en especial hay que destacar entre el repertorio de los boleros: el Bolero, como baile propiamente dicho, es una síntesis de estilos tradicionales españoles, teniendo la estructura de las seguidillas (tras cada copla hay una parada) pero multitud de pasos que provienen de otros bailes.

Cuentan las crónicas que el Bolero pudo inventarlo en el siglo XVIII un manchego llamado Sebastián Cerezo a partir de las seguidillas manchegas (Díaz Cassou, 1900), y que un sevillano, Antón Boliche, le adaptó pasos que provenían del fandango antiguo y de otros bailes de ese tiempo; pero que fue el gran bailarín murciano Luis Requejo "el que asombró a su patria y a los reinos de Valencia y Aragón con su agilidad y destreza, con sus giros, saltos y vueltas; ajustó los movimientos a compases más lentos y pausados, acabando por dejar el Bolero en el lugar y plaza de baile de cuenta y escuela, así en los estrados particulares como en los salones de la Corte" (Campmany, 1944: 246).

El Bolero llegó a ser llamado en el siglo XIX el baile nacional de España por la repercusión que tuvo y la frecuencia con que se interpretaba con motivo de cualquier acto (romerías, fiestas, teatros...).

El tipo de Bolero que han enseñado y enseña la familia Leandro, es posiblemente el último ejemplo que exista en Murcia de este tipo de baile, y ha sido siempre el escalón final a enseñar en su repertorio, por tratarse de un baile de especial complejidad y ser un compendio de casi todos los pasos boleros. 

 
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