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Castillo de Olite. Historia de un Naufragio

embarcados_en_el_castillo_olite“COMPARECENCIA. Junio, 1965. Dª. Agustina Pérez Guillermo, mayor de edad, casada, sin profesión especial, domiciliada en Avda. de los Mártires del Castillo de Olite, manifiesta lo siguiente:

Que en unión de otras jóvenes del pueblo, recorrió todas las casas de este vecindario, y después, utilizando un camión que les facilitaron, varios de los núcleos del campo, recogiendo en todos ellos víveres para alimentar a los náufragos presos en esta Iglesia, sin que hubiera ni una sola familia que no entregase lo que buenamente podía, y h asta algunas lo que ellas mismas necesitaban, entre lágrimas de compasión.
Que en la primera tarde en que se les sirvió a los prisioneros unas tortillas de patatas, como merienda, estuvo a punto de ocurrir algo grave, pues la plaza de la Iglesia se llenó de milicianos armados que no veían bien aquel comportamiento tan patriótico como cristiano; en vista de ello, no volvió a hacer entregas abiertamente, pero no por eso cesó de ayudarles, a su paso hasta la Rambla, a donde se les llevaba a tomar el sol y desde las ventanas de las casa de os padres de la compareciente, que daban al referido cauce”.
“COMPARECENCIA. Junio, 1965. D. José Ramón Sevilla Díaz, 83 años, funcionario de la Administración Local, con domicilio en Avda de los Mártires del “Castillo de Olite”, manifiesta lo siguiente:
Que en su domicilio, colindante con el edificio en donde se instaló el llamado “Hospitalillo”, en el que se encontraban recluidos los prisioneros enfermos procedentes del “Castillo de Olite”, pernoctaba un practicante adscrito al mismo, teniendo conocimiento por éste de las necesidades de dichos prisioneros enfermos.
Que gracias a los sentimientos generosos de varios vecinos domiciliados en el paraje de El Espinar de este término, pudo suministrarse leche a diaria enfermos del referido Hospitalillo.
Que niños y mayores rivalizaron en hacer llegar a dichos enfermos otros productos alimenticios, aprovechando la ocasión de encontrarse de guardia a la puerta del referido Hospitalillo, el vecino de esta Villa Manuel Martínez Hernández, más conocido por “Miñán”.
Que puede decirse que el sentimiento humano de este vecindario hacia los cautivos por la Causa Nacional, ganó al propio Concejo Municipal, hasta el punto de publicar edictos invitando a dicho vecindario a que entregase donativos para aliviar la situación de los supervivientes y encabezando la suscripción abierta con la cantidad de mil pesetas”.
XXV años después de su estancia entre nosotros, un grupo de supervivientes decidió visitar nuestro pueblo, para reiterarle su agradecimiento por el proceder humanitario y compasivo de todos nuestros vecinos durante su permanencia como prisioneros en nuestra localidad. En la sesión extraordinaria del Pleno de 14 de febrero de 1964, siendo Alcalde don Juan Sánchez Vicioso se acuerda que, para solemnizar dicha visita, se celebre en esta Iglesia Parroquial de San Agustín, en la que estuvieron recluidos durante su cautiverio dichos supervivientes, un solemne Tedeum; que a la calle actualmente denominada Gran Vía se le de el nombre de Avenida de Los Mártires del Castillo de Olite y que se celebren diversos actos en honor de los mismos en la Casa de la Cultura.
El 15 de mayo de 1965, el Presidente de la Hermandad de Supervivientes del “Castillo de Olite”, D. Enrique Jaspe Leira, solicita al Ministerio de la Gobernación para la villa de Fuente Álamo, una distinción honorífica, en agradecimiento al trato humanitario recibido por los supervivientes durante los días que estuvieron cautivos en nuestra localidad.
En el DECRETO 265/1966, de 20 de enero, se aprueba la concesión de los títulos de Muy Noble y Muy Leal, a la Villa de Fuente Álamo, de la provincia de Murcia. Este acuerdo sale publicado en el BOE del 7 de febrero de 1966.
Don Antonio Marín Hamal, Notario Ilustre del Colegio de Albacete y con residencia en la villa de Fuente Álamo da fe de los documentos presentados por D. Ricardo Ortega Merino, Cronista Oficial de esta villa, como testimonios de los supervivientes. Algunos de dichos testimonios, copiados literalmente dicen lo siguiente:
“No sé cómo comenzar estas breves líneas, pues es difícil expresar en ellas cuanto supone para mí, la hermosa villa de Fuente Álamo. (…) Diré que ha sido la tierra que por segunda vez me vio nacer, y digo esto, porque cuando allí me llevaron prisionero con varios compañeros, iba verdaderamente enfermo, semidesnudo y atormentado por los días vividos en Cartagena, después el hundimiento del “Castillo de Olite”. El haber sobrevivido a las terribles circunstancias señaladas se debe únicamente a los hospitalarios y abnegados fuentealameros, a sus cariñosas mujeres que, no solamente tuvieron para nosotros ayudas materiales, sino que con su alegría y sinceras expresiones de afecto, hicieron desaparecer en nosotros aquel crítico estado moral que nos deprimía. Las virtudes de los fuentealameros quedaron patentizadas, si cabe, el día 8 de marzo de 1964, cuando en nuestra visita de agradecimiento, con motivo de cumplirse el XXV aniversario de aquellas jornadas, se han vuelto a mostrar como lo que realmente son: Inigualables” (Roberto Nó Lendoíro).
“A todo el pueblo de Fuente Álamo, con mi mayor agradecimiento y simpatía, por su valiosa ayuda y admirado sacrificio, al socorrer en sus ropas y su comida, con su amistad y su afecto, a los supervivientes del “Castillo de Olite” y, en especial, a las mujeres y a los niños, que, con su elevado espíritu de sacrificio, de amor y de lealtad, han sido en aquellos momentos de incertidumbre, nuestros más ardientes aliados. A las autoridades y al vecindario en general que, durante la estancia de un grupo de supervivientes o “soldados rotos”, como nos llamaban los niños, en esa hermosa villa, nos han colmado de atenciones y obsequios, haciéndonos vivir  unos momentos de intensa emoción y alegría, demostrando con sus rostros llenos de felicidad que ellos eran los agradecidos y nosotros los homenajeados” (Julio Miras Varela).
Queremos destacar el informe de la Real Academia de la Historia:
“Hay distinciones y honores derivados de un hacer bélico – político (…) y distinciones y honores derivados o solicitados en razón de un exclusivo quehacer pacífico o de alto civismo que son casos no tan frecuentes. Dentro de este segundo grupo, la petición del Ayuntamiento de Fuente Álamo puede presentarse como un caso ejemplarizante. Aún relacionada con un acontecer bélico; no tiene contacto real y directo con actividad castrense, sino que se basa en la conducta humanitaria de todos sus vecinos, sin excepción”.
Alicia Gómez
Archivera Municipal