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La Pinilla

dsc_2827-jpg_138999076Es junto con El Escobar uno de los lugares más pintorescos y que mejor ha conservado el tipismo rural. Las antiguas construcciones, los muros y cercados de piedra, las fachadas pintadas en colores ocre, azul, amarillo, rojo, etc son muestra de esta arquitectura rural. Casas de labranza, algunas con escudos heráldicos, edificios en planta baja y piso, arcos de entrada a amplios patios interiores y callejuelas estrechas y empinadas, así como, su situación en las estribaciones de los cabezos, la sierra de la Pinilla, y de zonas reforestadas como el Majar de Gracia, hacen de este poblado uno de los más típicos y agradables para el descanso y el turismo rural.

Probablemente, es de los poblados más antiguos del término, ya que aparece en mapas de los siglos XVII y XVIII, como punto de referencia y lugar de paso. En la época romana tuvo gran importancia, como demuestran los yacimientos de los alrededores, Pantaleo, Casas de Gea, e incluso, se han excavado asentamientos de epocas anteriores como la vivienda de época cartaginesa, cercana al Majar de Gracia. Era zona estratégica por su elevada situación, cercana a la sierra, con manantiales de agua  (fuente de la Pinilla), con numerosas ramblas y situada en la calzada romana (prolongación de la Via Augusta) que iba desde Cartagena a Jaén (Castulo), posteriomente denominado, Camino Real de Cartagena a Lorca.
Situada en las cercanías de veredas como la Colada de la Venta Seca, la Colada de La Pinilla a Las Palas, la colada de la Pinilla a Fuente Álamo y cercana a las costas de Mazarrón, le hicieron ser un lugar de establecimiento de terratenientes e hijosdalgos en el siglo XVIII.
Su nombre procede del árabe Ben-iella (que significa, hijo del pacto). En el siglo XIV ya es conocida y nombrada como Fuente de la Peniella, en los libros de la Montería del rey Alfonso XI. Estas sierras eran ricas en agua, vegetación y fauna del tipo de jabalíes, liebre y perdices.
La Pinilla y sus alrededores pertenecían al Concejo de Lorca y ya, en el siglo XVI, esta ciudad comenzó a repoblar la zona concediendo mercedes y tierras a vecinos de Lorca, Librilla, etc. En 1590 se concede una tierra en este lugar a D. Bernardo García, cura de Fuente Álamo. Pasó a formar parte del término municipal de Fuente Alamo después de 1820 en que este lugar obtuvo el título de Villa. Sin embargo, en 1700, cuando Fuente Alamo adquiere ayuntamiento propio, un vecino de La Pinilla, Juan Legaz, solicita se le conceda la Hidalguía, ya que su abuelo, Pedro Legaz, y su padre, Alonso Legaz ” el navarro”,  tenían ese privilegio. Este título les eximía de pagar ciertos impuestos y de hacer servicios de armas.
En documentos del archivo de Fuente Álamo, hay referencia a importantes ganaderos de La Pinilla, como Lázaro Iriarte, al barbero Ignacio Sanz (siglo XVIII) y al embargo a Salvador Pedrero por eludir pago de impuestos (agrimensor) (siglo XIX) .
Terratenientes de la zona en el siglo XIX eran: José Jimenez, Pedro Vivancos, herederos de Andrés Albacete, Ignacio Vivancos, Alonso Legaz, José Arroyo, Domingo Lardín, José María González, etc.
Importantes contribuyentes del siglo XIX eran: Eusebio Imbernón, Antonio Imbernón, Juan Vivancos, Francisco Oliver, Andrés Garcia Xea, Andrés Linares, Pedro Mendoza Vera, Rosa de Vera, Estebana García, José Legaz, Julián Legaz, Juan de Blaya Baño, Juan Conesa Perez, Cristobal Mendoza, Josefa Hernandez, Antonio Guerrero, etc

En 1834 se establecieron barracones entre La Pinilla y Los Almagros para formar un cordón sanitario y poder controlar el paso de viajeros que procedían de ciudades como Murcia en las que había epidemia de cólera.

En 1834 tiene lugar una disputa entre Salvador Pedrero y el ganadero Francisco Imbernón, por introducir de noche sus ganados en el olivar de aquel. Eran frecuentes los enfrentamientos entre agricultores y ganaderos.

Hubo múltiples conflictos con el señalamiento de límites con Mazarrón y Lorca. La aldea de La Pinilla se la disputaban ambos términos junto con el Ayuntamiento de Fuente Álamo. Mazarrón decía que la fuente de la Pinilla y el cabezo de la Calera eran suyos y que el abrevadero nacido de la fuente era concejil y común a los dos términos. En 1846 cuando se dividió el término con Lorca se agregó La Pinilla a Fuente Alamo, ya que en 1836, por orden del Gobernador Civil de Murcia, se decidió que esta pedanía debía de ser término del citado municipio.

Su ermita está dedicada al culto de la Virgen de la Luz y data del siglo XVIII, pues en 1804 hay una referencia documental sobre la colocación de un edicto en la puerta de la misma. Sus fiestas patronales se celebran en el mes de Septiembre. En 1804 el capellán de la ermita era Fray Francisco Garrigós (franciscano). Otros capellanes del siglo XIX fueron: Julián Díaz Zapata, que ejercía también como maestro en la escuela local, D. Tiburcio Campoy , D. José Vidal, y en el siglo XX: D. Gumersindo Corbalán, D. Antonio Gomez Ruiz, José Cifuentes Romero, etc .

Maestros de esta aldea en el siglo XIX fueron: Rafael Clavet, Jose Martí Mata, Jose María Alpañez, Jose Maria Diaz Zapata, Julián Diaz Zapata( capellán), Pedro Perez Mendez, Francisco Ros, Jose Vidal (capellán), Miguel Aparicio Fernandez (capellán de la ermita) y en el siglo XX ejercían: Francisco Ruiz, Candelaria Saura, Mari Carmen Alcocer, Elvira Sánchez, Miguel Marín Vera, Guillermo Mas Manzanera, etc.

En el aspecto demográfico, La Pinilla sufrió una emigración importante, pues en 1940 tenía 1460 habitantes y en 1980 tan solo habia 666 vecinos. El alumbrado eléctrico se instaló en 1942. Fue uno de los lugares que quedó bastante abandonado en la década de los 60 ante la penuria de la vida campesina y el aislamiento de comunicaciones, alejada de las ciudades importantes y en una época de sequía y escaso trabajo en el secano.

Hoy, La Pinilla precisa de un mayor interés por parte de las autoridades y vecinos, con el fin de revalorizar sus cualidades paisajísticas, medioambientales y su tradición histórica. Es un lugar estratégico para el turismo rural y para iniciar la rehabilitación de viviendas, conservando la arquitectura tradicional de la zona, así como también es prioritaria la necesidad de crear infraestructuras, vias de comunicación adecuadas y transformación en regadío de las tierras de su término.

Es casi el único lugar de toda la comarca del Campo de Cartagena, donde se puede admirar, con cierta frecuencia, los campos nevados, como si la naturaleza quisiera blanquear la alfombra alba de los almendros en floración.
Andrés Nieto Conesa
Cronista Oficial de la Villa